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Coger aire y dejarse sorprender por el lado más verde de una ciudad supone la mejor descompresión en un recorrido urbano.
Después de visitar un buen puñado de países y de recorrer cientos de rostros, miradas, sonrisas y brazos abiertos, tenemos una respuesta: “Viajamos para tener una experiencia única”. Cada viaje es siempre iniciático y ofrece una vivencia decisiva que
marca la memoria para siempre. Y si es a un territorio que tradicionalmente ha quedado al margen del turismo, más aún. Es el caso de Uganda, un país que ahora puede visitarse aprovechando la labor de entidades como la autóctona ucota (Uganda Community Tourism Association) o la de la agencia internacional ZedAway. Ambas ofrecen rutas desde una perspectiva responsable con el medio ambiente y con las comunidades que habitan cada territorio. |
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Más allá de los ‘top’.
En el siglo xix, el Central Park de Nueva York se planteó como un pulmón en el que los urbanitas pudieran contrarrestar los efectos
nocivos que el desarrollo industrial ocasionaba en sus vidas. Éste y el Hyde Park de Londres son dos de los parques más célebres, pero a su lado hay otros que, con menor protagonismo, no tienen menos encanto. Sin abandonar la capital británica, merece la pena aprovechar sus escasos rayos de sol adentrándose en el no muy turístico Hampstead Heath, un lugar en el que uno olvida que se encuentra en medio de una gran metrópolis, sobre todo cuando se ve a la gente pescando o montando a caballo. Otro de sus atractivos es visitar la Kenwood House, un bonito edificio neoclásico. En verano, además, se puede disfrutar de un concierto de jazz o de música clásica bajo las estrellas. Fuera de sus límites, pubs históricos y la casa de Sigmund Freud, el padre del psicoanálisis, completan la oferta de este oasis.
En la otra gran urbe europea, París, junto con los famosos jardines de Trocadero, el de las Tullerías o el parque Monceau, destaca la
belleza de los jardines de Luxemburgo, uno de los más grandes y atractivos parques públicos de la ciudad. Con su espléndido palacio
y sus senderos, fuentes y esculturas escondidas en todos sus rincones, es un parque ideal para disfrutar de un paseo tranquilo o de un romántico atardecer parisino.

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El parque hecho arte.
Posiblemente, uno de los parques más sorprendentes de Europa sea el Parc Güell de Barcelona, un espacio mágico concebido por el arquitecto Antoni Gaudí, que con sus formas sinuosas y excéntricas crea escenarios que parecen haber salido de un cuento fantástico.
Mucho menos artístico, pero con una gran carga política, es el
Szobopark o parque de las Estatuas de Budapest. Aunque no está en el centro urbano, vale la pena acercarse a este curioso enclave, donde se reúnen las estatuas de los líderes comunistas europeos más célebres. Lenin, Stalin y otras personalidades soviéticas están inmortalizadas en este parquemuseo nacido para albergar las estatuas que fueron retiradas de las calles de la capital húngara tras la caída del telón de acero.
Lo verde al otro lado del ‘charco’.
La generosa naturaleza se une a los grandes colosos urbanos de Latinoamérica, y da como resultado parques especialmente espectaculares. Bogotá, por ejemplo, es una de las ciudades del mundo que cuenta con una mayor extensión de parques. Entre ellos, el más importante es el parque metropolitano Simón Bolívar, con una extensión tres veces mayor que la del
Central Park de Nueva York.
Por otro lado, en la ciudad de Río de Janeiro se puede disfrutar
del único parque nacional urbano de Brasil, el P.N. da Tijuca. Con un área de 120 km2 de densa vegetación, que baja por las empinadas colinas hasta las barriadas cariocas, destaca por su riqueza en flora, fauna, cascadas, grutas y senderos, que lo hacen ideal para recorrer a pie o en bicicleta.
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En Roma y Colonia.
Originario del siglo xvi, el impresionante parque de Villa Borghese es
una tentación para cualquier visitante saturado del bullicio eterno
de Roma. En pleno corazón urbano, el lugar, repleto de monumentos,
esculturas y fuentes de estilo barroco y neoclásico, ha seducido por
su enorme belleza a músicos y literatos de todas las épocas. Además
de las vistas de la ciudad desdeIl Pincio, este espléndido pulmón
urbano acoge obras de Tiziano, Bernini o Caravaggio en una de las
galerías de arte más bellas del mundo: la Galería Borghese.
Mientras, la ciudad alemana de Colonia ofrece varias razones para
ser visitada: el casco antiguo, la catedral, declarada Patrimonio de la
Humanidad por la Unesco; la cerveza, y el parque más bonito del
país, el Rheinpark (o parque del Rin). Este inmenso corazón verde
se puede recorrer en un tren turístico y desde su teleférico (el Seilbahn) se puede disfrutar de espectaculares vistas de la ciudad.
Además, enlaza en la otra orilla del río con el zoológico, ubicado junto
a unos jardines botánicos y un bonito parque de esculturas. |
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